Conspiración

Estelas de condensación

Con toda seguridad Ud. se ha fijado alguna vez en las estelas de condensación que los aviones dejan a su paso. Y puede que tenga también la sensación de que estas estelas son cada vez más frecuentes. ¿Le han llamado la atención los diseños lineales o geométricos que a veces se crean cuando se cruzan en el cielo? La realidad es que son cada vez más habituales. Oficialmente, este hecho se debe al aumento progresivo del tráfico aéreo. Sin embargo, no todo el mundo cree que estas estelas sean tan inocuas como parecen.

Aquí entran en juego los chemtrail. ¿Qué son? Podemos traducir la palabra chemtrail, empleada por primera vez en 1999 por el periodista y escritor William Thomas, como “estela química”, en contraposición al término contrail (estela de condensación).

La naturaleza tóxica – por definición – de estas supuestas estelas químicas, su mera existencia y lo amplio de la casuística han llevado a muchos a plantearse una inquietante pregunta ¿Es posible que se esté produciendo a espaldas de la opinión pública una fumigación a nivel global? Porque estas estelas se ven prácticamente en todos los países del mundo. Hay quien opina que sí. Los defensores de esta teoría se basan en la observación de los rastros que los aviones dejan a su paso. Alegan que hay aspectos que diferencian un chemtrail de una estela de condensación “normal”. Un chemtrail permanece más tiempo en suspensión, la evolución de su forma sigue un patrón distinto a la del contrail, a veces se extienden creando falsos cirros que terminan creando una capa blanquecina de finas nubes, y lo que para ellos es más relevante, estos supuestos vertidos forman líneas paralelas en el cielo o se cruzan formando una extensa cuadricula a modo de malla. Este hecho se interpreta como evidencia de que se pretende cubrir una gran área con la fumigación.

La finalidad de esta conspiración no está clara, pero se barajan diferentes hipótesis. Las más extendidas son dos: modificar el clima (para combatir el cambio climático o con fines geoestratégicos) y afectar a la salud de la población (haciendo que sea más dócil, como método de control de su número o para beneficio de los lobbies farmacéuticos).

Pero ¿Es posible cambiar el clima vertiendo compuestos químicos en la atmósfera? ¿Un vertido de estas características afectaría si así se pretendiera, a la población? ¿En la práctica, es o no factible?

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El 20 de marzo de 1967 Estados Unidos inició  en Vietnam la llamada Operación Popeye. Con esta operación se pretendía prolongar la estación de los monzones en el trayecto logístico de Ho Chi Minh, que  discurriendo por territorio de Laos y Camboya, unía Vietnam del Norte con Vietnam del Sur. Se vertieron en el cielo cantidades ingentes de yoduro de plata y de yoduro de plomo. Como consecuencia aumentaron las inundaciones y corrimientos de tierra que provocaron la destrucción de las vías de comunicación por la que transitaban convoyes de suministros  y miembros de la guerrilla. Años más tarde, se dieron a conocer al mundo estos hechos y el 10 de diciembre de 1976 en la Asamblea General de las Naciones Unidas se prohibió la manipulación de los procesos naturales para ser usados como instrumento bélico y otros fines hostiles.

Hay ejemplos más recientes: En China, noticia divulgada en España por la agencia EFE en el año 2009, el gobierno provoco una nevada en Pekin para paliar los efectos de la sequía que se estaba padeciendo.  Para conseguirlo un avión liberó 400 litros de nitrógeno líquido sobre la zona.

Estos procesos se pueden asociar o englobar dentro de la conocida como Geoingeniería o Ingeniería Climática. Esta nueva ciencia cuenta con el apoyo de personajes como Bill Gates, que a través de la empresa Startup Intellectual Ventures financia un proyecto que propone el vertido de partículas de dióxido de sulfuro a 45 kilómetros sobre la Tierra para investigar su viabilidad como posible solución para combatir el cambio climático.

En cuanto a la teoría que defiende que con los chemtrails se pretende afectar a la salud humana, quizás a la vez que al clima, resulta destacable como argumento la aparición de una nueva y polémica enfermedad llamada “Morgellons”. Se trata de una afección que tiene dividida a la comunidad científica. Los detractores de su existencia argumentan que en realidad se trata del llamado “Delirio Parasitario Dermatozoico” pero profesionales como la Dra. Hildegar Staninger, científica destacada en el campo de la toxicología industrial, opinan que puede que estemos ante una patología distinta, desarrollada a propósito con nanotecnología.

Los síntomas de esta enfermedad son sorprendentes. Los que la padecen sufren erupciones cutáneas y picores en la piel, tienen la sensación de “tener insectos por el cuerpo” y en la superficie de su piel o debajo de ella se detectan extrañas fibras. Según la doctora Staninger y el Doctor Casey – de la Universidad de Oklahoma – las fibras están compuestas de polietilenos de alta densidad, algodón y diferentes tipos de poliéster. Es decir, son sintéticas.

En el ámbito biotecnológico el polietileno se utiliza para encapsular el envoltorio de proteínas virales con ADN o ARN mutado para funciones muy concretas. Pues bien, la doctora Staninger logró aislar una de estas fibras. La extrajo de la nariz de una paciente enferma de Morgellons que estuvo expuesta a las fibras que a veces aparecen tras los avistamientos de los chemtrails.

Personajes públicos que a priori deberían ser por su formación y prestigio profesional contrarios a la teoría de los chemtrails,  la apoyan. Además de la Dra. Staninger podemos nombrar por poner un ejemplo al líder del Partido Verde sueco Pernilla Hagberg, a Riley Duren de la Jet Propulsion Laboratory de la NASA o al Dr. Russell Blaylock, neurocirujano norteamericano que la defendió en un artículo que publicó la revista de la Federación Nacional de Salud, “Health Freedom News”  en EEUU.

Esta  información y otra que por motivos de espacio no exponemos pero que puede obtenerse en internet de fuentes a priori serias y fidedignas, puede parecer concluyente a la hora de determinar la veracidad del supuesto complot de los chemtrails, tema que incluso ha llegado al Parlamento Europeo. Pero también hay argumentos para los que lo niegan.

Llegados a este punto tenemos que comenzar a hablar de los contrail, las estelas de condensación. Se producen al condensarse el vapor de agua que surge de la combustión en los motores a reacción. Los aviones vuelan a altitudes de 10 Km. A esa altura la baja presión y la baja temperatura, en torno a los 40º negativos, facilitan que ese vapor se sature y se condense pasando del estado gaseoso al sólido, es cuando se forman los cristales de hielo que conforman las estelas que los aviones dejan tras de sí.

La persistencia de las estelas en el cielo varía en función de la altitud, la temperatura, la humedad y el tipo de nubes que haya en ese momento, pudiendo llegar a durar varias horas. Son cada vez más frecuentes debido al incremento del tráfico aéreo comercial (un 50% en la última década). Si persisten llegan a mezclarse con otras nubes o con otras estelas cercanas, lo que explicaría la formación de capas de nubes de poco grosor.

Los cruces de contrails no serían más que la superposición de estelas que han dejado los aviones que circulan por los diferentes pasillos aéreos, que se entrecruzan como puede comprobarse examinando mapas aéreos en los que estos se delimitan. Todo tiene una explicación para los detractores de la teoría de los chemtrails. Los que la consideran como posible son ante sus ojos personas demasiado crédulas y propensas a la manipulación.

Pero esta última acusación es mutua ¿Quiénes son los crédulos? ¿Los que dan por hecho que los únicos con capacidad para estar detrás de estas maniobras, los estados y las élites económicas – grandes lobbies transnacionales: banca, compañías energéticas, farmacéuticas, etc. – velan por el buen funcionamiento del sistema y el bienestar de la sociedad, o los que por el contrario defienden que estos grupos de interés, con una historia a veces turbia detrás, tienen capacidad para presionar a los estados y usan su posición de privilegio para influir en diferentes ámbitos – no solo sociales y económicos – anteponiendo sus intereses al bien común?

Las estelas de condensación en entredicho

Xavier Giménez Font, profesor de Química de la Universidad de Barcelona es concluyente al afirmar que los chemtrails no existen. La misma opinión tienen la organización Ecologistas en Acción y el  meteorólogo Jacob Petrus, climatólogo y divulgador científico español. La revista académica “International Journal of Environmental Research and Public Health” rechazo la publicación de un artículo del geofísico J. Marvin Herndon, que pretendía demostrar la existencia de los chemtrails, por considerar el texto poco objetivo y desmontar científicamente dos de sus principales argumentos. En definitiva, la comunidad científica tilda de absurda la teoría de los chemtrails y la rechaza con rotundidad.

¿Ante que estamos? ¿Paranoia o realidad? El debate – sobre todo en la red – está servido.

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