Economía

Trading de alta frecuencia

El 6 de mayo de 2010 la economía mundial tembló sobre sus deteriorados cimientos. La bolsa de valores de Nueva York, situada en la famosa Wall Street, abrió con caídas que hicieron temer una vuelta de tuerca sobre la llamada “Crisis de 2008”.

Ese día de mayo, con el trasfondo de la crisis de deuda en Grecia y su efecto en la economía europea, la jornada en el mercado de valores no solo se inició a la baja sino que mantuvo esa tendencia. En torno a las 3 de la tarde, el mercado, con una caída acumulada de más de 300 puntos, cayó otros 600 en 5 minutos. En total cerca de un 9%, aproximadamente 1000 puntos de caída. Wall Street se desplomaba a toda velocidad. 20 minutos después el mercado remontó volviendo prácticamente a la situación de las 15:00 horas. La bolsa de Chicago detuvo la crisis paralizando 5 segundos las cotizaciones. Eran momentos en los que nadie entendía lo que estaba pasando.

Fue el llamado Flash Crash de mayo de 2010. El pánico afectó al euro, que se hundió hasta rozar los 1,25 dólares e hizo que en la bolsa de Nueva York tuvieran que cancelarse posteriormente algunas de las contrataciones que tuvieron lugar en los momentos álgidos del suceso.

¿Qué pudo suceder? Sorprendentemente, según un informe conjunto presentado por la Comisión Nacional del Mercado de Valores de Estados Unidos y la Commodity Futures Trading Commission, una sola venta de gran volumen – 4100 millones de dólares – ejecutada por un programa de trading de alta frecuencia ocasionó el incidente. Dicho de otra manera: el culpable fue un programa informático.

Expuesta de manera simplista la secuencia fue la siguiente. Un ordenador decidió vender acciones de un fondo de pensiones por valor de 4100 millones de dólares, y lo hizo de golpe, saturando el mercado, como si quisiera desprenderse de ellas lo antes posible. Esto se interpretó por los ordenadores de otras compañías de trading como una quiebra. En una reacción vertiginosa, decidida y ejecutada en microsegundos, comenzaron a vender acciones del sector masivamente. El crack estaba en marcha y nadie podía hacer nada. El hombre había perdido el control sobre las máquinas. Afortunadamente se reaccionó a tiempo y se pudo evitar el desastre.

Pero ¿Qué es el trading de alta frecuencia?

Hasta 2008 los agentes de bolsa o “traders” se ocupaban de realizar las operaciones de bolsa. En ese año comenzaron a ser sustituidos por servidores informáticos conocidos como robots o “agentes robotizados”. Programas informáticos capaces de realizar mil transacciones por segundo sobrepasando de largo la capacidad de los traders humanos, que no pueden competir con tan alta velocidad de análisis.

Sin duda, la aparición del trading de alta frecuencia – transacciones realizadas a gran velocidad – ha supuesto un punto de inflexión en el mundo de las finanzas.

Un ordenador es más fiable en términos de eficacia que un humano. Pero ¿justifica esto que los desplace a la hora de tomar decisiones en temas tan sensibles como la economía? Lo cierto es que las máquinas, a pesar de la advertencia que supuso el Flash Crash de mayo de 2010, están tomando poco a poco las riendas de la economía global. En Estados Unidos y Europa el trading de alta frecuencia es responsable aproximadamente del 50% del volumen de órdenes de negociación. En 2012, solo en Wall Street, estos agentes obtuvieron un beneficio de más de tres mil millones setecientos mil euros.

El trading de alta frecuencia (a partir de ahora HFT – high frequency trading – por sus siglas en inglés) implica que quién disponga de una mayor velocidad de procesamiento tendrá ventaja sobre la competencia porque accederá a las operaciones más rentables y ejecutará las órdenes de compra y/o venta pertinentes antes que los demás. Y estamos hablando de milésimas de segundo.

Por este motivo, todas las instalaciones y personal del que durante 150 años fue el edificio de la Bolsa de Paris, el Palacio Brongniart, fueron trasladados en 2010 a un nuevo edificio de más de 5000 m2, en las afueras de Londres. El traslado se llevó cabo porque sus más importantes clientes, los operadores de HFT, se encuentran en Inglaterra. Y la proximidad geográfica es muy importante.

Cuanto más próximos estén los agentes robotizados de la sede francesa a “La City” más rápido circularan sus órdenes de transacción y antes se ejecutarán. La competencia es feroz y como ya se ha comentado un milisegundo puede ser determinante. Esto se lleva hasta el extremo: el agente robotizado de cada uno de los clientes tiene dentro del edifico una conexión directa con el servidor central, con cables de idéntica longitud para que ninguno de ellos tenga ventaja sobre otro. La diferencia la marcan los algoritmos que controlan a los diferentes agentes robotizados. Están en permanente evolución, sometidos a revisiones constantes por los más cualificados ingenieros informáticos. Los algoritmos más eficaces se valoran en millones de euros. Esto ha supuesto que se esté produciendo en pos de una mayor velocidad y capacidad de proceso una verdadera carrera tecnológica en el mundo informático.

Pero volvamos al HFT como método de operación en las bolsas. El Flash Crash de 2010 propició la creación de un nuevo término económico que describe el vertiginoso desplome de cotización: caída súbita.

Según declaraciones de Thierry Franco, Secretario General de la AMF  (Autoridad de los Mercados Financieros) en 2012, una nueva caída súbita podría producirse en cualquier momento, de hecho se producen a pequeña escala con cierta frecuencia. Breves colapsos, de apenas 3 o 4 segundos que tienen consecuencias negativas sobre las compañías y los pequeños accionistas. Colapsos que inciden por tanto sobre la economía real.

Esta situación es preocupante. De hecho el HFT es una práctica apenas conocida por los pequeños inversores. Aquellos ajenos al mundo financiero ¿Invertirían con la misma tranquilidad si se les informara de que su dinero es manejado por máquinas y no por personas, sabiendo que estas operaciones están por su naturaleza fuera del control de los supervisores de los mercados?  Probablemente no. Es más, quizás cundiera el pánico. Las empresas de HFT lo saben y tratan de no evidenciar la manera en que operan, evitando por ejemplo que aparezca en su publicidad.

Habitaciones enormes, repletas de ordenadores conectados con kilómetros y kilómetros de cables, este es el aspecto de los nuevos edificios de bolsa. Millones de órdenes emitidas cada día en intervalos de milésimas de segundo. Miles de millones de euros movidos por programas informáticos, sin la intervención humana. Un sistema, el HFT, que hace aún más opacas las bolsas que rigen sobre nuestra economía.

Esto ha hecho que el HFT haya atraído la atención de los estafadores. La razón es que la opacidad  de este sistema especulativo facilita las operaciones fraudulentas. Se ha denunciado que una de las estrategias utilizadas por los robots para manipular el mercado consiste en enviar millones de órdenes con la única intención de saturar con información los ordenadores de la competencia (algo que es ilegal) ralentizando así su toma de decisiones para que el tiempo corra a su favor. Los más rápidos acaparan los negocios más ventajosos.

Pero no es la única. También se emplean tácticas conocidas como “Interferencias”. Una orden es emitida por el agente robotizado y en el mismo milisegundo es anulada por ese mismo robot. La orden nunca es ejecutada pero logra “desviar la atención” de los demás y provocar sus errores. Se pueden producir mil interferencias por segundo. Un juego poco limpio que puede ocasionar pérdidas injustificadas en otras compañías. Pero en la bolsa, si se opera con HFT, todo vale.

Los supervisores de los mercados, una especie de policía de la bolsa, se ve impotente para combatir estos hechos porque técnicamente son investigaciones muy complejas. ¿Por qué no cuentan con los medios informáticos y humanos adecuados? Quizás sea porque los que tienen el deber de proporcionarlos son los principales beneficiarios de este descontrol. Y mientras, la población de a pie, aquellos que movemos y vivimos la economía no especulativa, la real, sufrimos sin saberlo las consecuencias de estos abusos de mercado. ¿Tendremos algún día leyes que los regulen?

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