Armas·Conspiración·Saqueo

La guerra es una estafa

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Hoy día, teniendo en cuenta nuestro grado de civilización, la lógica de la guerra debería carecer de argumentos. Sin embargo, “vendidas” como actos de legítima defensa, justificadas como método de persuasión para – paradójicamente – prevenir la agresión militar del otro bando, o como medio para lograr objetivos económicos o estratégicos, son llevadas a cabo y toleradas por una opinión pública indiferente y manipulada. A veces a través del miedo: miedo a las armas de destrucción masiva, o al terrorismo internacional. Justificaciones tóxicas que esconden una realidad: la guerra es un negocio, el más rentable.

Y en opinión de Smedley Darlington Butler (1881 – 1940), general del Cuerpo de los Marines de EEUU, también es una estafa. Hablaba con conocimiento de causa. Fue en su momento el capitán más joven de las fuerzas armadas y más adelante, el militar más condecorado de la historia de los Estados Unidos, con entre otras, 2 Medallas por Servicio Distinguido del Ejército y de la Armada, que se otorgan exclusivamente en casos de excepcional servicio meritorio. Recibió 16 medallas al final de su carrera, 5 de las cuales fueron por heroísmo. Es uno de los dos únicos marines que han recibido del congreso 2 Medallas de Honor, la más alta condecoración entregada en su país a un miembro de las fuerzas armadas. Es también uno de los 3 premiados por los marines con la Medalla al Honor y la Medalla al Valor, y el único en recibir estos dos reconocimientos en dos ocasiones distintas. Prestó servicio en numerosas guerras, en Cuba, Filipinas, Honduras, Nicaragua, México, Haití y en China. También participó en la 1ª Guerra Mundial y finalmente de nuevo en China. Una trayectoria de más de 30 años que avala el gran conocimiento que Butler tenía del complejo militar.

Butler escribió “La mejor forma de describir un fraude, según creo, es como algo que no es lo que parece a la mayoría de personas. Sólo un pequeño grupo en la sombra sabe de qué se trata. Se lleva a cabo en beneficio de muy pocos, y a expensas de una mayoría”.

Lo hizo en un texto que publicó en 1935, de gran repercusión y que hizo de él un personaje popular fuera de su ámbito profesional. Se tituló “La guerra es una estafa”. Lo expuesto en este breve libro de 17 páginas tiene en la actualidad tanta vigencia como entonces.

En él denuncia la utilización del ejército para lucro y provecho de Wall Street, explicando como la intromisión de las tropas de su país en Iberoamérica tuvo lugar en función de los intereses de las grandes corporaciones estadounidenses. También acusa a las empresas suministradoras de material bélico de enriquecerse ilícitamente, un tema que 25 años más tarde volvió a exponer el presidente Eisenhower cuando denunció la funesta influencia del Complejo Industrial Militar sobre el Gobierno de Washington. Beneficios para el gran capital, la factura a cargo de los ciudadanos ¿Le resulta familiar?

Durante la Primera Guerra Mundial, la American Sugar Refining Company pasó de facturar doscientos mil dólares anuales de promedio, a seis millones. La International Nickel Company, de 4 millones anuales a 37,5 millones, un aumento de más de un 1.700 %. La Central Leather Company aumentó su facturación un 1.100 %, y la General Chemical Company un 1.400 %, por poner tan solo unos ejemplos. En total, surgieron en Estados Unidos más de 21.000 nuevos multimillonarios.

Los datos son reveladores. La deuda de USA en 1930 era de 16 mil millones de dólares. La que se generó en la 1ª Guerra Mundial ascendió a 52 mil millones y la originada por la 2ª Guerra Mundial a 84.500 millones. Al acabar esta última, en 1945, la deuda del país alcanzó la cifra récord de 269 mil millones.

La guerra es una estafa

En resumen, el coste de la guerra es abonado por el Tesoro de EEUU y costeado por la población norteamericana a través de los impuestos, pero los beneficios van a las arcas de las grandes corporaciones del Complejo militar y de Wall Street. Y sigue sucediendo así, implicando a políticos de primer nivel.

En 2011, Bunnatine Greenhouse, una empleada civil del ejército cuyo trabajo consistía en garantizar la legalidad de los procedimientos de licitación, ganó tras años de litigios una esclarecedora batalla legal. Lo hizo contra el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos, denunciando que al comienzo de la Guerra de Irak, sus responsables concedieron sin concurso público un contrato de siete mil millones de dólares a la empresa Brown and Root.

Bunnatine Greenhouse, que tuvo que abandonar su trabajo debido al acoso laboral que sufrió, ganó finalmente el pleito que interpuso. El Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos tuvo que indemnizar a Greenhouse con novecientos setenta mil dólares, cantidad que incluye una compensación por daños y perjuicios y las costas legales. Es decir, tenía razón cuando objetó ese contrato. La orden de conceder el contrato fue dada por la Oficina del Secretario de Defensa, dirigida por Donald Rumsfeld. Adivine quién dirigió la compañía Brown and Root hasta el año 2000: fue el entonces vicepresidente de EEUU Dick Cheney ¿Casualidad?

En el negocio de la guerra las cifras hablan por sí solas: 1,7 billones de dólares gastados en 2015 (Un 36% corresponden a Estados Unidos, seguido en este ranking de volumen de inversión por China, Rusia y Arabia Saudí). Esta cantidad supone una inversión de aproximadamente el 11,63%. del PIB mundial. La influencia de tan poderoso lobby se hace notar en los gobiernos de todo el mundo. Hablemos brevemente de los más cercanos a nosotros, los occidentales.

Empresas de armamento como Lockheed Martin, que facturó en 2014 más de 37.500 millones de dólares (cifra superior al PIB de 97 países y cinco veces el presupuesto de Naciones Unidas para misiones de paz), o Boing con 28.300 millones, son una muestra de la importancia económica de este sector. A pesar de la caída de las ventas estimada en un 1,5% entre 2011 y 2014, en 2015 la cifra del negocio que movieron los 100 principales fabricantes de armas del mundo, ascendió a 401.000 millones de dólares, el 2,4% del PIB mundial.

En noviembre de 2015, la Agencia Europea de Defensa declaró que los contratos que se adjudicasen estarían exentos de IVA. Y en el año 2016 el Parlamento Europeo decidió financiar a la industria armamentística europea por un importe inicial de 25 millones de euros anuales en un proyecto de I+D llamado “Preparatory Action for Defence Research”. Está previsto que entre los años 2021 y 2027 este importe ascienda a 500 millones anuales.

Las empresas beneficiadas deberán cumplir unos determinadas condiciones, que serán impuestas no por el Parlamento Europeo, sino por la Comisión Europea, que es el órgano ejecutivo “políticamente independiente” responsable de aplicar las decisiones del Parlamento y el Consejo. En este caso será al contrario, el Parlamento Europeo acatará las decisiones de la Comisión, que a su vez contará para su asesoramiento con el denominado “Grupo de Personalidades”.

La influencia de lo militar sobre lo político es evidente. Mauro Moretti. (Director General de Leonardo SPA, 2º grupo industrial de Italia, líder en los sectores de Aeronáutica, Helicópteros, Espacio, Electrónica de Defensa, Sistemas de Defensa y Seguridad). Ian King (Director Ejecutivo de BAE Systems, el segundo mayor contratista militar del mundo). Tom Enders (Consejero Delegado de Airbus Group), actualmente investigado en Austria por la supuesta estafa en la venta de Eurofighters. Fernando Abril Martorell (Presidente de Indra Sistemas, especializada en servicios de defensa y telecomunicaciones). Håkan Buskhe (Presidente de Saab, empresa sueca de defensa e industria aeroespacial). Arndt Schoenemann (por parte de Liebherr-Aerospace, Alemania) o Antoine Bouvier (MBDA, diseño y fabricación de misiles) forman parte de este grupo asesor (El Grupo de Personalidades).  No participan miembros de sociedades o asociaciones civiles.

El Movimiento Wemove.eu (Movemos Europa) promueve una recogida de firmas para impedir que se financie a la industria armamentística con nuestros impuestos y se militarice la Unión Europea.

Por otra parte. En Francia, la familia Dassault, que fabrica los aviones de guerra Rafale, tiene miembros en el Senado y en el Congreso. En Estados Unidos, según el Centro para Políticas Responsables, con sede en Washington, la industria armamentística gastó en apoyo de diferentes congresistas más de 137 millones de dólares durante 2013. La Asociación Nacional del Rifle fue calificada por la revista «Fortune» como uno de los grupos de presión más influyentes en Washington. Son solo algunos ejemplos de la presencia de los lobbies de la industria armamentística en la política.

La guerra es una estafa - General Smedley Butler

Para finalizar retomemos la figura del General estadounidense Smedley Darlington Butler, quién en un discurso ante los miembros de la “American Legion”, organización de veteranos de guerra estadounidense, fue concluyente:

“Pasé 33 años y 4 meses en el servicio activo como miembro de la fuerza militar más ágil de nuestra nación, la Infantería de Marina. Presté mis servicios en todos los rangos de la oficialidad, desde subteniente hasta mayor general… Durante ese periodo dediqué la mayor parte de mi tiempo a ser un matón de primera categoría al servicio de las Grandes Empresas, Wall Street y los banqueros… En pocas palabras fui un extorsionador, un intimidador, un pistolero a las órdenes del capitalismo…”

Las guerras son un desastre evitable, no un fenómeno casual. Generan sufrimiento y violan los derechos humanos. Siguen ocurriendo porque son un negocio. Es necesaria una actuación política que ponga en práctica políticas de paz. Los recursos millonarios que giran en torno a la guerra podrían ser utilizados para atender los acuciantes problemas alimentarios, sanitarios, sociales y medioambientales que acosan a la humanidad ¿Será algún día posible? La historia lo dirá.

 

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